miércoles, 10 de febrero de 2010

1985: EL AÑO DE PERICO Y LOS ORÍGENES DE UN AFICIÓN

La retransmisión en directo de la subida ciclista a Los Lagos de 1984 supuso un hito en la historia del deporte del pedal y propició que al año siguiente se retransmitieran todos los finales de etapa de la Vuelta Ciclista. La etapa la ganó Marino Lejarreta, que era famoso por rodar siempre a la cola del pelotón (lo que le costó quedarse cortado en más de una ocasión) y también por un triunfo controvertido en la Vuelta del 82 debido la descalificación por dopping de Angel Arroyo (Marino nunca asumió como suya la victoria que se le había concedido). El año 1985 vió coronarse a Pedro Delgado como campeón de la Vuelta, teniendo lugar un boom del ciclismo en España, pues la afición a este deporte crecía como la espuma, llenándose las carreteras de cicloturistas que ataviados con cinta al pelo y con los maillots de equipos como Renault y Reynolds ponían gesto esforzado a lomos de aquellas arcaicas máquinas. Como resultado de este fenómeno de masas, las gentes de los barrios se animaron a crear peñas ciclistas; como ejemplo de ello se pueden citar algunas de Asturias como: La Peña los Tres, la Peña Ciclista Creci, el Club Ciclista Ensidesa, etc. La foto corresponde a la reunión previa a una ruta de fin de semana donde aparecen algunos miembros de la Peña Ciclista Creci, después Club Ciclista Calzada. En una esquina, de amarillo y con trece primaveras: el que escribe.

jueves, 4 de febrero de 2010

LA ERA DE LO POLÍTICAMENTE CORRECTO

Anteayer por la tarde, cuando conducía de vuelta a casa después de terminar mis obligaciones laborales, iba escuchando el programa que dirige Gemma Nierga en la cadena SER, y estaban hablando acerca del terremoto de Haití y de la ayuda humanitaria aportada a la población afectada. Se decía que las ayudas se estaban entregando a las mujeres en vez de a los hombres porque éstas las gestionaban mejor, mientras que los últimos en la mayor parte de las ocasiones especulaban con dichas ayudas. Esta afirmación es cierta, la experiencia de las ONG´s en los países subdesarrollados demuestra que las ayudas concedidas a las mujeres son gestionadas de un modo más eficiente. No tendría nada que objetar a la información expuesta en el programa, salvo por una serie de comentarios que se vertieron a continuación tales como "ellas nunca harían algo así", en relación a la especulación antes citada, presuponiendo por tanto que el comportamiento de todas las mujeres en ese aspecto es ejemplar. Comentarios de este tipo magnifican las cualidades positivas del género femenino y generalizan las negativas del masculino, sin tener en cuenta en este caso que la virtud adjudicada a estas mujeres también viene influenciada, por ejemplo, por el tipo de estructura matriarcal que rige la vida social y económica de estos países.
A continuación, no se porqué, la tertulia derivó en la desigualdad existente en España entre hombres y mujeres en el terreno laboral. Se argüía que por desempeñar el mismo puesto de trabajo, las mujeres en general cobran menos que los hombres y que su acceso a determinados altos cargos de gestión y dirección es francamente difícil; por otra parte, una situación en la que es preciso insistir con vistas a la solución del problema. Pero una vez más, obviamos otros sectores del mercado laboral y evitamos hacernos preguntas tales como: ¿Por qué la mayor parte de mujeres no quieren trabajar en ramos como la construcción y el montaje? Se podría aducir que se trata de sectores de tradición eminentemente machista, lo cual es así, aunque en este caso, podría aportar muchos ejemplos de mujeres que no han tenido problemas para desempeñar su labor en los mismos: técnicas de seguridad y salud, topógrafas, directoras de obra, etc, trabajos todos ellos por cierto carentes de carga física. Se podría asegurar, por tanto, sin mucho margen de error que muchísimas mujeres no quieren saber nada con determinados trabajos que impliquen cierto grado de incomodidad y exigencia física.
Con estas reflexiones no quiero ir en contra de las políticas de igualdad, al contrario estoy a favor de su implantación, pero si quiero advertir que cuando se tratan estos temas de igualdad hay que ser especialmente cuidadoso para no herir sensibilidades, tratar de incluir todos los aspectos concurrentes en el problema, y no por buscar la adecuación a los intereses políticos del momento caer en el error de obviar los detalles que no interesan y hacer generalizaciones que pueden afectar a la imagen de ciertos colectivos o exagerar sus defectos.