Anteayer por la tarde, cuando conducía de vuelta a casa después de terminar mis obligaciones laborales, iba escuchando el programa que dirige Gemma Nierga en la cadena SER, y estaban hablando acerca del terremoto de Haití y de la ayuda humanitaria aportada a la población afectada. Se decía que las ayudas se estaban entregando a las mujeres en vez de a los hombres porque éstas las gestionaban mejor, mientras que los últimos en la mayor parte de las ocasiones especulaban con dichas ayudas. Esta afirmación es cierta, la experiencia de las ONG´s en los países subdesarrollados demuestra que las ayudas concedidas a las mujeres son gestionadas de un modo más eficiente. No tendría nada que objetar a la información expuesta en el programa, salvo por una serie de comentarios que se vertieron a continuación tales como "ellas nunca harían algo así", en relación a la especulación antes citada, presuponiendo por tanto que el comportamiento de todas las mujeres en ese aspecto es ejemplar. Comentarios de este tipo magnifican las cualidades positivas del género femenino y generalizan las negativas del masculino, sin tener en cuenta en este caso que la virtud adjudicada a estas mujeres también viene influenciada, por ejemplo, por el tipo de estructura matriarcal que rige la vida social y económica de estos países.
A continuación, no se porqué, la tertulia derivó en la desigualdad existente en España entre hombres y mujeres en el terreno laboral. Se argüía que por desempeñar el mismo puesto de trabajo, las mujeres en general cobran menos que los hombres y que su acceso a determinados altos cargos de gestión y dirección es francamente difícil; por otra parte, una situación en la que es preciso insistir con vistas a la solución del problema. Pero una vez más, obviamos otros sectores del mercado laboral y evitamos hacernos preguntas tales como: ¿Por qué la mayor parte de mujeres no quieren trabajar en ramos como la construcción y el montaje? Se podría aducir que se trata de sectores de tradición eminentemente machista, lo cual es así, aunque en este caso, podría aportar muchos ejemplos de mujeres que no han tenido problemas para desempeñar su labor en los mismos: técnicas de seguridad y salud, topógrafas, directoras de obra, etc, trabajos todos ellos por cierto carentes de carga física. Se podría asegurar, por tanto, sin mucho margen de error que muchísimas mujeres no quieren saber nada con determinados trabajos que impliquen cierto grado de incomodidad y exigencia física.
Con estas reflexiones no quiero ir en contra de las políticas de igualdad, al contrario estoy a favor de su implantación, pero si quiero advertir que cuando se tratan estos temas de igualdad hay que ser especialmente cuidadoso para no herir sensibilidades, tratar de incluir todos los aspectos concurrentes en el problema, y no por buscar la adecuación a los intereses políticos del momento caer en el error de obviar los detalles que no interesan y hacer generalizaciones que pueden afectar a la imagen de ciertos colectivos o exagerar sus defectos.