martes, 9 de diciembre de 2008

EL COCHE FANÁTICO

Muchas personas son de la opinión de que serían totalmente felices si fueran millonarias pues de esta manera podrían tener todos los caprichos del mundo, viajar a lugares exóticos, conducir vehículos deportivos de alta gama, vestir las prendas de los mejores diseñadores, vivir en grandes mansiones completamente equipadas, comer en restaurantes lujosos, disfrutar en compañía de hombres o mujeres de gran belleza y armónicas formas, etc. Visto así suena todo muy tentador y es cierto que el dinero permite hacer realidad muchas fantasías que sin lugar a dudas brindarían enormes placeres a nuestros sentidos y nos llenarían de honda satisfacción. Sin embargo no siempre el dinero conduce a la felicidad de las personas. De todos modos aunque piense eso, estoy deseando que me toque la primitiva como la mayoría de la gente de este país pues la gran ventaja de hacerse millonario es que se acaban las servidumbres laborales, se soluciona el problema de comprarse una vivienda, tienes tiempo para dedicarlo a lo que realmente te gusta, estás en mejor disposición de afrontar los gastos médicos que pudieran sobrevenir, garantizas una alimentación saludable y alcanzas un importante status de tranquilidad respecto a tu futuro y el de tus allegados. Pero aparte de eso que ya es bastante, no estoy seguro que todo se pueda conseguir a golpe de talonario porque la vida es imprevisible y no podemos controlarla. Por tanto, aunque muchos quieran jugar a Superman es imposible evitar cosas como el envejecimiento y, por supuesto, el destino final: el óbito. Me imagino que para vivir plenamente con mucha pasta habrá que tener además de una cabeza equilibrada, amplitud de miras para poder asumir la vida como un todo , con sus aspectos placenteros y los que no los son tanto y tratar de evitar el embotamiento de la sensibilidad a causa de los excesos. Y ahí está el problema básico; muchas personas jovenes y con dinero se sienten poderosas e inmortales, si a esto unimos la fama y la adoración a la que son sometidas por otros, esto les lleva a vivir en un mundo virtual que les aleja de la problemática del devenir vital. Sus vidas se basan únicamente en la consecución del placer y en el culto al ego, lo que les lleva en el futuro a enfrentarse a situaciones traumáticas derivadas por ejemplo de las señales que el paso del tiempo va marcando a fuego lento en sus cuerpos (para este caso están los arreglos estéticos aunque todo tiene un límite y la cirugía que en principio mejora la presencia, al final y tras múltiples intervenciones convierte los cuerpos humanos en verdaderos esperpentos), de la pérdida de la fama, de la aparición de un vacío existencial que parece no tener fondo y no poder llenarse de ningún modo, encontrando finalmente refugio en el mundo de las drogas varias (tranquilizantes, farlopa, alcohol, etc.). En definitiva el ego todopoderoso empieza a hacer agua y aunque se pueda tapar provisionalmente alguna vía, aparecen otras nuevas y el barco acaba hundiéndose, y todo a causa de no afrontar la realidad de lo que somos los seres humanos: formas energéticas en el universo sujetas a las leyes cósmicas. Como ilustración del asunto sirva el caso de David Hasselhoff el protagonista de famosas series como "El coche fantástico" o "Los vigilantes de la playa". Muchos habrán deseado en su momento la situación financiera y la fama adquirida por este personaje, sobre todo por su trabajo en la segunda serie, rodeado todo el día de tías buenas bajo el sol de California, ¿qué le faltaba al chaval que podía trincarse a las mejores hembras (o ellas a él) y además disfrutaba aparentemente de un cuerpo sano y saludable?. Al final se cumple el dicho de que "nunca es suficiente" y cuesta digerir las imágenes de este pobre hombre grabado en vídeo por sus hijos tirado en el suelo con tremenda borrachera y comiendo en el suelo como si fuera un perro. Lo curioso del tema es que el ser humano tropieza mil veces con la misma piedra pues a pesar de la cantidad de precedentes de personajes autodestructivos en el mundo del espectáculo, algunos elementos siguen cayendo en los mismos errores fatales que les condenan a arruinar sus vidas. En fin, esperemos que si nos toca una buena estrapada de kilos no nos cambie la manera de ser y nos convirtamos en una piltrafa. Al hilo de estos temas me acuerdo de lo que me contó una vez un amigo mío acerca de un tío suyo. Al parecer este personaje tenía ovejas o cabras y cada vez que recogía el dinero de sus ventas en el mercado dividía la ganancia en tres partes equivalentes: "esto pa putes, esto otro pa vino y lo tercero pa casa": pura matemática. A pesar de su comportamiento inmoral, pues tenía familia, no se le puede negar claridad en cuanto a sus planteamientos personales.

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