sábado, 24 de enero de 2009

TEMPORAL EN EL CANTÁBRICO

Cuando esta tarde pasé a la altura del muro San lorenzo se veía la mar picada, con un fuerte oleaje, y hace un momento cuando circulaba por la Autovía la ventolera era considerable; de hecho tuve que reducir la velocidad debido a los bandazos que daba el coche. Desde la ventana de la cocina el espectáculo es impresionante, tal parece que los árboles vayan a salir volando. El ímpetu del viento me ha hecho recordar el siguiente poema, inspirado en una experiencia onírica que dejó profunda huella:
PARTE I
Furioso oleaje el que me arrastra.
Cruce rápido de ideas.
El cuadro es horripilante.
Corazón que se retuerce.
Triste canción de despedida.
Agonía lúcida en un mar tropical.
La confusión es vertiginosa y
una llama tiembla entre suspiros.
Esencia perdida mezclándose con espuma de mar.
Estruendo que se adueña de mis oídos.
Gélida caricia sobre mi cuerpo,
sabor salado en mi boca.
Soy un loca brújula que da vueltas sin cesar.
El Gran Misterio me acoge entre sus brazos,
para luego devorarme.
PARTE II
Renacer envuelto en la blanca luz,
¡qué maravillosa sensación!.
El espíritu se vuelve juguetón con los colores.
Pureza renovada.
Una lámina blanca es mi mente.
De repente: un despertar.
Visión que dulcifica mis ojos.
Piel suave, oscura, olorosa.
Invasión de esencias.
Placer infinito.
Ondas oscuras que brillan,
atravesándome sus destellos.
Mirada serena.
Voz cristalina que me tonifica.
Suaves curvas de ébano.
El tiempo se disuelve.
La realidad se convierte en ideal.

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